A un caballo que vive fuera se le limpia menos
A un caballo que vive al aire libre se le cuida sobre todo dejándole el pelo en paz. Qué hace falta de verdad cada día y por qué el barro es mejor secarlo que lavarlo.
Los caballos que viven fuera parecen animales salvajes en febrero, y de eso se trata. Pelo de invierno, costra de barro, una raya en el dorso por la que escurre la lluvia. Quien eso lo limpia a diario hasta dejarlo reluciente le está quitando al caballo justo el equipo por el que ha trabajado tres meses.
En estabulación libre, limpiar es menos lo que se hace que lo que se deja de hacer.
La grasa del pelo es el chubasquero
El pelo de invierno funciona por dos cosas: pelos erizados que mantienen una capa de aire y una capa de grasa que lleva el agua hacia fuera. Las dos se pueden cepillar hasta hacerlas desaparecer, y ninguna de las dos se reconstruye de un día para otro. Un caballo que después de un lavado se queda dos horas en la humedad no tiene frío por el tiempo, sino por la media hora anterior.
El barro puede secarse
El barro mojado no se cepilla, solo se reparte. El barro seco cae en dos minutos con la almohaza de goma. Así que esperar, almohazar, listo. Lavar con agua fría en invierno es el rodeo que convierte diez minutos de trabajo en medio día de caballo mojado. Y quien no puede esperar, que almohace al menos solo donde después se va a apoyar el equipo.
- Limpiar los cascos, los cuatro, todos los días.
- La zona de la silla y la cinchera limpias y secas antes de que se apoye nada encima.
- Un repaso rápido a los ojos, los ollares y la zona bajo la cola.
- Crin y cola con los dedos, no con el peine.
- Una pasada con la mano plana por todo el cuerpo, que encuentra más que cualquier cepillo.
Dos sitios que siempre tienen que estar limpios
Todo lo que se apoya bajo la silla, la cincha o la manta necesita una base lisa y seca. La arena entre la piel y la cincha es papel de lija, y lo es con cada tranco. El resto del caballo puede parecer un camino de tierra, eso solo molesta a quien lo mira. Los dos sitios bajo el equipo le molestan al caballo.
Manta sí o no, sin cuestión de fe
Un caballo sano, sin esquilar, con cobertizo y heno delante no suele necesitar manta en Europa central. Esquilado, mayor, flaco o en plena muda puede ser otra cosa. Una manta aplasta el pelo y sustituye su capa de aire por la propia. Así que se decide según si esa cuenta sale, y no según si uno mismo tiene frío. Una mano bajo la crin o detrás de la espalda dice más que la propia sensación junto a la valla.
No es el caballo del prado el que necesita la manta. Normalmente la necesita la persona junto a la valla.
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