La cola es lo único que se puede arruinar de verdad
El pelo de la crin vuelve a crecer. El de la cola también, solo que tan despacio que el error queda a la vista durante años. Un alegato a favor de los dedos y en contra del cepillo.
Hay un experimento sencillo. Cepillar la cola con fuerza todos los días durante una semana y guardar el pelo suelto en un cuenco. El domingo se tiene un puñado que no guarda ninguna relación con lo que una cola repone en una semana. Por eso hay tantas colas más ralas después de dos años de cuidado esmerado que antes de empezar.
La cola no se peina. Se desmonta con cuidado.
La mano es la mejor herramienta
Sujetar la cola con una mano, un mechón con la otra, y trabajar desde las puntas hacia arriba. Los nudos se abren, no se arrastran. La primera vez lleva veinte minutos, después cinco, porque una cola desenredada con regularidad casi nunca se apelmaza.
Si el peine es inevitable, que sea de dientes anchos, y solo después de un desenredante que permita deslizar el pelo. Los cepillos finos de cerdas apretadas son para una cola lo que un rastrillo de jardín es para la seda.
Lavar y secar
- Sumergir la cola en un cubo de agua tibia en lugar de mojarla con la manguera. Así se levanta la suciedad sin enredar el pelo.
- Aplicar champú solo en la mitad superior y en la base; ahí es donde se acumula la grasa. Las puntas rara vez necesitan jabón.
- Aclarar hasta que el agua salga limpia.
- Escurrirla como una toalla y dejar que el caballo la sacuda. No frotar.
Una cola húmeda atrae el polvo y se apelmaza si el caballo se revuelca. Si es posible, lavarla un día en que el caballo pueda secarse quieto o pastar al sol.
La base de la cola
Lo interesante está arriba. La base de la cola tiene piel igual que el resto del cuerpo, salvo que rara vez ve la luz y a menudo permanece bajo una funda. La caspa y las costras ahí son la causa más frecuente de que un caballo empiece a restregarse. Lavar bien la base y aclararla a fondo evita la mayoría de las calvas que tanto tardan en recuperarse.
La funda de cola, bien puesta
La funda de cola tiene sentido para viajar y en días de lluvia, no para el uso diario. Todo lo que tira de la cola de forma continua o queda ajustado restringe la circulación y provoca calvas justo donde se pretendía proteger. Recoger la cola para una mañana de barro es práctico. Dejarla recogida toda la noche es un daño que uno mismo ha buscado.
El largo
Una cola que arrastra por el suelo acaba pisada y rota. En doma suele terminar a la altura del menudillo, en salto un poco más corta. Se corta con el caballo parado y la cola levantada, porque el caballo la lleva más alta en movimiento que en reposo. Cortarla a la altura del menudillo con el caballo quieto deja una cola corta al trote.
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